El espacio de terapia online para niños: desafíos y oportunidades

En muchas familias, la idea de una terapia online para niños despierta una gran paradoja. Es el espacio donde se aborda la problemática vinculada a las pantallas, pero al mismo tiempo, surge un temor esencial de “alejarse de las pantallas” y caer en la misma dinámica que se busca cambiar.

Este temor no es menor, y explica en parte la resistencia que muchas familias experimentan para iniciar o sostener la terapia virtual.

Sin embargo, el espacio online ofrece recursos que pueden ser muy enriquecedores para el trabajo con niños: apoyos visuales, videos breves, construcción de historias y cuentos digitales adaptados a cada necesidad. La pantalla se convierte entonces en un puente, más que en un obstáculo. Por supuesto, siempre que el terapeuta despliegue creatividad y cuidado al momento de diseñar la intervención.

La terapia online infantil resulta especialmente útil cuando:

El niño puede sentirse seguro y cómodo en su ambiente, lo que facilita la apertura emocional.

Se utilizan recursos variados que mantienen la atención y estimulan la expresión (juegos, dibujos, narrativas visuales).

La familia está dispuesta a acompañar la constancia de la sesión y a colaborar en casa con las pautas y recomendaciones.

En cambio, puede no ser recomendable en situaciones donde la capacidad de concentración del niño sea muy limitada. O cuando exista una fuerte resistencia familiar o dificultades técnicas y contextuales que imposibiliten la continuidad.

Y el rol del terapeuta es fundamental, ya que será quien guía y adapta las actividades según las necesidades y ritmos de cada niño favoreciendo la creación de un ambiente seguro y de confianza, aún a través de la pantalla.

Pero también es cierto que nos desafiá con nuestra creatividad ya que necesitamos generar recursos para sostener la motivación e interés durante las sesiones utilizando por ej:

Juegos digitales: Permiten trabajar habilidades cognitivas, emocionales, y sociales de manera lúdica y atractiva.

Construcción de historias y cuentos: Fomentando la proyección como también la creatividad, expresión y comprensión emocional.

Visualización de cortos temáticos: Facilita la reflexión y el debate sobre temas relevantes para los niños.

Plataformas interactivas: Hacen posible compartir materiales, pizarras virtuales y recursos multimedia en tiempo real.

Lo que hay que evitar es usar la pantalla como mero recurso pasivo o caer en la sobreestimulación digital. Nunca convertir la sesión en un espacio donde el niño reciba más tiempo frente a pantallas sin interacción humana activa y cariño profesional.

Desde el análisis, la modalidad online despliega resistencias propias: dudas sobre la conexión emocional, dificultades en la gestión de la privacidad, y la sensación de fragmentación de la sesión. Es clave que el analista sepa identificar estas resistencias, tanto propias como las del paciente y la familia. ¿Por qué? Para no perder la mirada profunda y el vínculo terapéutico.

El análisis se adapta a nuevas especialidades, tiempos y ritmos, aprendiendo a capturar lo esencial en formatos distintos y desafiantes.

María José Rivero

Psicóloga Clínica Infanto ~ Juvenil
Psicóloga General Sanitaria
Especialista en Neurodesarrollo Infantil

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