Hace años que escucho en mi consultorio a personas que llegaron a la donación de gametos después de un camino largo. A veces muy largo. Y lo que me encuentro, casi siempre, no es solo la historia médica — sino todo lo que fue pasando por adentro mientras tanto. Porque la donación de gametos no es solo una decisión técnica. Es también un proceso emocional. Y ese proceso merece atención.
Antes de empezar: más preguntas que certezas
Cuando una persona o pareja llega a la donación, muchas veces hay algo que procesar primero: la noticia de que ese es el camino posible. Que no hay otra forma. Y eso, antes de ser una decisión, es un impacto. Un duelo por el hijo imaginado de otra manera, por el cuerpo propio, por el camino que no fue.
Recén después de transitar algo de ese dolor aparece el “sí, quiero seguir por acá”. Y detrás de ese sí casi siempre hay más preguntas: ¿Voy a sentir ese bebé como mío? ¿Qué le cuento cuando crezca? ¿Cómo lo vive mi pareja?
Esas preguntas no son un obstáculo. Son parte del proceso. Y tienen mucho más valor cuando se piensan antes de que empiece el tratamiento, no en el medio de él.
Durante el tratamiento: el cuerpo en protocolo, la cabeza sin pausa.
Una vez que arranca, el calendario manda: controles, inyecciones, transferencia, espera. El cuerpo entra en un ritmo. Pero la cabeza no descansa.
La incertidumbre, la hipervigilancia de cada síntoma, el miedo al fracaso conviviendo con la esperanza — esa mezcla es agotadora. Muchas personas me cuentan que en esa etapa se sienten suspendidas: ni del todo optimistas ni del todo pesimistas. Eso tiene nombre y tiene un acompañamiento posible.
Después: el resultado
Si el tratamiento resulta en un embarazo, aparece la alegría — y a veces también muchas preguntas, que merecen su espacio.
Y si el resultado no es el esperado, el dolor necesita su tiempo y su lugar. Seguir adelante — con otro intento o con una pausa — es más posible cuando hay algo que sostiene por dentro.
¿Cuándo buscar acompañamiento?
La respuesta es sencilla: en cualquier momento. No hace falta estar en crisis. De hecho, muchas veces lo más valioso es tener ese espacio antes de que todo se sienta pesado.
Si estás transitando alguno de estos momentos — o simplemente sentís que algo no termina de acomodarse — podés escribirme.

Psicóloga especializada en Fertilidad
Coach emocional
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@lic.natalia.gogliormella

