Cuando hablamos de dificultades reproductivas, solemos pensar en la búsqueda de un hijo que no llega y en cuestiones meramente médicas. Hablamos de esterilidad, infertilidad primaria o secundaria, estudios, diagnósticos, tratamientos de reproducción asistida y más.
Sin embargo, hablar de dificultades reproductivas es adentrarnos en un territorio íntimo, generalmente silenciado y por sobre todo complejo. Resulta obvio decir que lo biológico es un componente fundamental en este proceso, pero mientras el cuerpo es mirado bajo una lupa hay algo que muchas veces queda afuera del consultorio: nuestras emociones.
En este camino, que claramente no es elegido, las dificultades reproductivas impactan en la vida cotidiana, en el modo de habitar el tiempo, en la forma de mirarnos a nosotras mismas y de imaginar el futuro. Sin darnos cuenta, empezamos a reorganizar nuestra vida en función del proceso. Planes que se postergan, viajes que se dudan, encuentros que se evitan, fechas que pesan.
A nivel emocional suceden muchas cosas. En algún punto, la búsqueda de un hijo deja de ser sólo un deseo y empieza a tocar fibras muy sensibles.
¿Cuándo pedir ayuda psicológica?
No hace falta llegar a un límite extremo. La ayuda psicológica no es solo para cuando todo se desborda, sino para cuando sostener el proceso sola empieza a resultar demasiado pesado. Algunas señales frecuentes pueden ser por ejemplo, cuando la búsqueda ocupa gran parte del espacio mental, la vida parece quedar en pausa, se evita hablar del tema o, por el contrario, no se puede pensar en otra cosa, aparece irritabilidad, angustia, desconexión, falta de apetito, insomnio, desgano, se siente una soledad difícil de explicar, se evitan encuentros con vínculos cercanos, se evitan las relaciones sexuales o las mismas pasan a ser funcionales, cambian las dinámicas de pareja o ya no nos motivan las mismas cosas que antes.
¿Para qué pedir ayuda psicológica?
Cuando hay dificultades reproductivas, lo emocional no siempre tiene un lugar propio. Sin embargo, encontrar un espacio de escucha profesional habilitará la posibilidad de detenernos a mirar cómo nos sentimos con lo que nos está pasando. Encontrar un lugar para nombrar aquellas emociones que no queremos sentir pero están ahí para decirnos algo. Un espacio en donde poder hacernos preguntas y encontrar respuestas. Un lugar para poder liberar lo que sentimos y continuar con más fuerzas. Un lugar de profundo autoconocimiento mientras vamos enfrentando las cuestiones médicas.
En síntesis, buscar ayuda psicológica puede darnos un espacio seguro en donde poder decir y sentir sin sentirnos juzgadas.
No estás sola. Muchas estuvimos ahí. Y hay quienes estuvimos ahí como pacientes y hoy, como profesionales de la escucha, podemos acompañar a quienes lo están atravesando. Te abrazo y te espero.
Patricia Peruzzo
Counsellor, Docente, formada en grafología

