Un debate que llegó a las familias. El acceso de niños y adolescentes a las redes sociales genera cada vez más preocupación. ¿A qué edad deberían acceder? ¿Cómo poner límites? ¿Cómo acompañarlos sin romper el vínculo? En diálogo con Redes de Bienestar, la psicóloga Andrea Maccione reflexionó sobre estas preguntas.
Para Andrea, el debate no debería centrarse únicamente en prohibir o permitir, sino en cómo acompañar a los hijos para que puedan ingresar al mundo digital con herramientas y sin quedar solos frente a situaciones para las que todavía no están preparados.
Prohibir no alcanza
«Prohibir puede ser una medida de protección, especialmente cuando hablamos de niños, pero por sí solo no alcanza», explicó. El mundo digital forma parte de su vida cotidiana y, por eso, además de establecer límites, es necesario conversar sobre sus riesgos: explicar que no todo lo que aparece en las redes es verdadero, que las imágenes pueden estar modificadas y que detrás de una cuenta puede no estar quien dice estar.
La incorporación debería ser progresiva. Andrea propone pensar este proceso como cuando se enseña a manejar: no se entrega un auto sin preparación, del mismo modo que no debería entregarse un teléfono con acceso ilimitado a las redes sin conversaciones previas. «Protegerlos no es prohibir; protegerlos siempre es conversar, supervisar y estar disponibles cuando algo suceda», sostuvo.
Acuerdos claros desde el comienzo
Los acuerdos familiares también son fundamentales: conocer la aplicación, sus posibilidades y riesgos, establecer horarios y espacios de uso y evitar el teléfono durante las comidas, mientras se estudia y durante la noche.
En las primeras etapas, la supervisión también debería ser acordada y conocida por el niño o adolescente, evitando revisiones a escondidas como práctica habitual.
Que el diálogo sea la primera respuesta
Si ocurre algo, la primera reacción del adulto no debería ser quitar inmediatamente el teléfono o retar. Según Andrea, si el niño teme al castigo, probablemente la próxima vez decida ocultarlo.
Por eso, hablar de redes, teléfonos y pantallas debería formar parte de la vida cotidiana. Preguntar «¿qué hiciste hoy con el celu?», interesarse por lo que hacen en internet y recordar que aquello que para un adulto parece obvio no necesariamente lo es para un niño también es una forma de cuidado.

Psicóloga
Pericias, Cámara Gesell, credibilidad
Asesoría a estudios jurídicos
Coordinadora parental y parejas
@andreamaccione.psico

