La Selección Argentina no es solo un equipo. Es un grupo de personas que, durante semanas, nos recordó algo que en la clínica vemos todos los días, «nadie llega lejos solo».
Nos enseñaron que el talento importa, pero que no alcanza sin el otro. Que el liderazgo no necesita gritar. Que la confianza se construye. Que el error no define una historia. Que la frustración también forma parte del camino.
En psicología hablamos mucho de la importancia de tolerar la incertidumbre, de atravesar las pérdidas, de aprender a sostenernos cuando las cosas no salen como esperábamos. Y quizás eso también nos deja este Mundial.
Porque crecer no es ganar siempre. Crecer es poder seguir después de perder. Es aceptar que el valor de una persona, de un equipo o de un proceso no depende únicamente del resultado final.
La Selección nos regaló algo difícil de explicar. La posibilidad de creer en el trabajo colectivo, en el compromiso, en la humildad y en el respeto por el otro. Nos hizo emocionarnos, abrazarnos con desconocidos, sentir que por un instante todos tirábamos para el mismo lado.
Y eso también es salud emocional: _Poder construir un «nosotros»._
El resultado quedará en las estadísticas. Lo que nos deja este equipo queda en otro lugar: en la memoria afectiva, en los valores que transmite y en la manera en que nos recuerda que, aun cuando no se levanta la copa, hay formas de ganar que no entran en un marcador.
Gracias por hacernos sentir parte.
Porque algunas victorias no se cuelgan del cuello, se quedan para siempre en el corazón.

Licenciada en Psicología
Atención Adolescente – Adultos
lic.rosariodurigon@gmail.com
Ig: @lic.rosariodurigon

