Vivimos conectados, pero cada vez más ausentes

Vivimos escuchando hablar sobre bienestar, equilibrio y la importancia de conectar con lo que sentimos y pensamos. Sin embargo, hay un elemento que se volvió protagonista silencioso de nuestra rutina: el celular. Siempre cerca. También siempre encendido. Siempre disponible. Vivimos conectados pero, muchas veces, convirtiéndose en sinónimo de disponibilidad inmediata.

Nos acostumbramos a vivir en estado de alerta. A mirar de reojo cuando la pantalla se ilumina. A interrumpir conversaciones, tareas o incluso momentos de descanso por una notificación que ni siquiera sabemos si es importante.

Y casi sin darnos cuenta, pasamos horas cambiando de una aplicación a otra mientras pensamos:

 “¿Cómo puedo hacer para ser más productivo?”

Paradójicamente, buscamos foco en el mismo lugar que constantemente nos lo roba.

Quienes tenemos hijos repetimos frases como: “Estar tanto tiempo con el celular te va a quemar la cabeza”.

Pero apenas terminamos de decirlo, hacemos exactamente lo mismo.

Agarramos el teléfono porque tenemos que trabajar, porque nos acordamos de responder un mensaje pendiente, porque queremos buscar una recomendación, anotarnos en un curso o simplemente distraernos “cinco minutos”.

Y esos cinco minutos terminan convirtiéndose en un scroll infinito mientras el día pasa frente a nuestros ojos.

En ese hacer constante —que muchas veces es un hacer sin presencia— dejamos de registrar pequeños momentos de nuestra vida cotidiana.

Dejamos de disfrutar el almuerzo. De saborear lo que estamos comiendo. De escuchar realmente a quienes tenemos enfrente. O incluso de escuchar nuestros propios pensamientos en un momento de quietud.

El problema no es solamente el tiempo que pasamos frente a la pantalla. El verdadero problema es el nivel de desconexión con nosotros mismos.

Porque muchas veces el celular no funciona solo como herramienta. Funciona como escape. Como anestesia. Como distracción inmediata frente a aquello que no queremos sentir, pensar o enfrentar.

Por eso, más que preguntarnos cuánto tiempo usamos el teléfono, quizás deberíamos empezar a preguntarnos: ¿En qué momentos necesito agarrarlo desesperadamente? ¿Qué estoy evitando sentir cuando busco distracción inmediata? ¿También qué silencio me incomoda? ¿Qué pensamiento no quiero escuchar?

Ahí aparece la verdadera respuesta.

Practicar el aquí y ahora no significa vivir alejados de la tecnología. Significa recuperar la capacidad de elegir conscientemente dónde ponemos nuestra atención.

El celular es una herramienta enorme, sí. Pero también puede convertirse en una extensión automática de nosotros mismos si no aprendemos a poner límites.

Y cuando vivimos disponibles para todo y para todos, algo empieza a agotarse internamente. Porque la disponibilidad constante consume energía mental, fragmenta el foco y nos aleja del presente.

Te comparto 3 acciones simples que pueden ayudarte a recuperar espacio mental y volver a conectar con vos:

Empezá el día sin mirar el celular durante los primeros 40 minutos.

Antes de entrar al mundo de todos los demás, conectá con el tuyo.

Detectá cuáles son tus “momentos gatillo”.

Aburrimiento, ansiedad, incomodidad, cansancio… muchas veces agarramos el teléfono por impulso emocional y no por necesidad real.

Volvé a entrenar la presencia.

Comé sin pantalla.

Escuchá sin interrumpirte mirando notificaciones.

Permitite momentos de silencio sin necesidad de llenarlos automáticamente.

Cuando reducimos la estimulación constante, la mente empieza a sentirse más liviana, descansada y presente. Dormimos mejor, recuperamos capacidad de atención, disminuye la ansiedad y volvemos a conectar con momentos simples que muchas veces pasaban desapercibidos.

La atención es uno de los recursos más valiosos que tenemos. Y aquello a lo que le damos atención, termina definiendo cómo vivimos nuestros días.

Porque donde está tu atención, está tu energía. Y donde está tu energía, está tu vida.

Leila Farhi

Acompañamiento a mujeres profesionales a definir su rumbo 20 años en HR, Coach, PNL Instagram:@lic.leilafarh

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