Autolesiones y malestar adolescente: ¿qué no escuchamos?

En los últimos años, las autolesiones en adolescentes han comenzado a aparecer con mayor frecuencia en los espacios clínicos, escolares y familiares. Sin embargo, más allá de la preocupación que generan, muchas veces seguimos mirándolas únicamente como un síntoma alarmante que debe detenerse rápidamente.

Pero cuando trabajamos con adolescentes en el consultorio, aparece una pregunta distinta: ¿qué nos están diciendo esas conductas que todavía no logramos escuchar?

Desde mi experiencia clínica acompañando adolescentes y sus familias, las autolesiones rara vez aparecen como un hecho aislado. Más bien, forman parte de un entramado emocional más amplio donde conviven angustia, dificultades para regular emociones, sentimientos de soledad. Muchas veces, una profunda sensación de no ser comprendidos.

Cuando el dolor no encuentra palabras

La adolescencia es una etapa atravesada por transformaciones intensas: cambios corporales, redefinición de la identidad, vínculos sociales que se vuelven centrales y una mayor exposición a la mirada de los otros.

Para muchos adolescentes, poner en palabras lo que sienten resulta extremadamente difícil. En ese contexto, el cuerpo puede convertirse en el lugar donde se expresa aquello que no logra ser dicho.

Las autolesiones —cortes, golpes u otras formas de dañarse— no siempre implican un deseo de morir. En muchos casos funcionan como una forma de regular emociones que se sienten insoportables.

Algunos adolescentes describen que el dolor físico les permite “bajar la intensidad” de lo que sienten. Otros hablan de una sensación momentánea de alivio o de control frente a emociones que los desbordan.

Esto no significa que la conducta no sea grave. Lo es. Asimismo, entender su función es clave para poder intervenir de manera adecuada.

Más allá de la conducta

Cuando una familia descubre que su hijo o hija se autolesiona, la reacción inmediata suele ser el miedo. Aparecen preguntas urgentes:

¿Por qué hace esto? ¿En qué fallamos? ¿Cómo lo detenemos?

Es comprensible que la preocupación se centre en la conducta visible. Sin embargo, si solo intentamos eliminar la autolesión sin comprender qué está sosteniendo ese malestar, corremos el riesgo de silenciar el síntoma sin atender la raíz del problema.

En muchos de los casos que llegan al consultorio, las autolesiones conviven con otras dificultades: problemas en la regulación emocional, ansiedad intensa, conflictos familiares, experiencias de rechazo social, o trastornos de la conducta alimentaria.

Por eso, el trabajo terapéutico no se centra únicamente en dejar de autolesionarse, sino en ayudar al adolescente a construir otras formas de procesar lo que le ocurre.8

El rol de los adultos

Uno de los desafíos más importantes es acompañar también a los adultos que rodean al adolescente.

Las madres y padres suelen sentirse desbordados, culpables o sin herramientas para actuar. Muchas veces temen decir algo incorrecto o empeorar la situación.

Sin embargo, algo que suelo transmitir en los espacios de acompañamiento familiar es que la presencia emocional de los adultos sigue siendo profundamente significativa, incluso cuando el adolescente parece rechazarla.

Escuchar sin juzgar, validar lo que el adolescente siente —aunque no entendamos completamente su experiencia— y buscar ayuda profesional temprana son pasos fundamentales.

Escuchar lo que el síntoma intenta decir

Las autolesiones nos enfrentan a una realidad incómoda: hay adolescentes que están atravesando niveles de sufrimiento emocional que no siempre logramos detectar a tiempo.

Sin embargo, más que preguntarnos únicamente cómo detener la conducta, tal vez debamos ampliar la mirada y preguntarnos: ¿qué emociones no están encontrando espacio para ser escuchadas?

¿Qué formas de dolor están quedando invisibilizadas?

En muchos casos, cuando el adolescente logra sentirse comprendido, acompañado y sostenido en un espacio terapéutico, el síntoma comienza lentamente a perder su función.

No porque se le haya prohibido autolesionarse, sino porque ya no necesita hacerlo para expresar lo que le pasa.

Agustina Jurevicius

Psicóloga | TCA Acompañamiento a madres que ven a sus hijoss luchar con un TCA a sentirse menos solas, con más calma y herramientas reales para acompañar IG: @psicosense_arg

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