Maternidad Solitaria

Cuesta a veces distinguir entre el deseo y el mandato.

Voces desde todos lados llegando a los 30, te repiten una y otra vez: que para cuando, que si seguís esperando después será una carrera contra el tiempo, que con un hijo sabes lo que es sentirse plena y demás frases que retumban en las cabezas de muchas mujeres.

La maternidad de por si, como suceso vital es bastante solitario; un momento de gran introspección y de un gran movimiento psicoemocional.

El puerperio, como primer momento de acomodación, de adaptación a un cuerpo nuevo, a una vida diferente, también es bastante solitario.

Y no está mal que así sea, ya que son procesos que se vivencian de forma única y diferente para cada mujer. Cada una necesita su tiempo y espacio para elaborarlos y para construir desde allí, una nueva identidad.

Por eso, esta tan importante diferenciar conceptos como soledad, compañía, presencia, disponibilidad.

Se puede atravesar procesos solitarios, pero atravesarlos en compañía, entre abrazos y presencias, incluso entre silencios.

La maternidad en soledad, sin una tribu que acompañe, no suele ser por elección.

Los escenarios en donde una mujer se encuentra sola con un hijo (o mas) en su casa, pueden ser por varias razones (por elección, separación, viudez), pero esto no implica que estas mujeres se sientan solas o estén solas maternando.

La soledad en la crianza no siempre tiene que ver con presencias y ausencias físicas.

Tiene que ver con soportes, con sostenes, con miradas y con palabras.

Claro está que en la crianza, es muy importante poner el cuerpo.

El cuerpo que juega, que abraza berrinches, que acuna, que alimenta. Por lo que si, algo de la presencia no deja de ser importante y hasta necesario.

¿De que sirve, el cuerpo que pulula, que entra y sale, que señala y entorpece?

¿Que cuestiona, culpabiliza, se desentiende y se va? El cuerpo que ignora, que no escucha, que mira para otro lado, que no acompaña; que no está?.

Maternar en soledad, es mucho menos que la suma de las partes.

Maternar en soledad, es no tener quien te mire, te abrace, te sostenga.

Es la ausencia de disponibilidades, de espacios compartidos, de remansos donde descansar después de un día extenuante.

Es la falta de recreos, de distancias necesarias y saludables para respirar aire profundamente y exhalar cansancios, demandas y agobios.

No tener con quien debatir tus dudas, ni donde apoyar tus preocupaciones. Quien te haga de espejo, donde puedas cuestionarte, y abrazarte. Donde recargues energías y te eches a dormir.

Nadie con quien dividir responsabilidades, porque la mochila parece cada vez mas pesada, pero nadie ayuda a sostener el peso.

Alguien que comparta el disfrute, que juegue, que sonría. Que esté ahí para hacer dormir, para consolar un llanto y cambiar algún pañal.

Que acompañe, que haga reír. Que cocine algo rico. Que este ahí dando aliento, que haga sus veces de relevo, para suplir esos brazos agotados y doloridos.

Criar en soledad es agotador, es extenuante, entristece, oscurece.

Se sufre. Se sufre de un cansancio que es difícil poner en palabras, pero que es muy muy fácil de poner en lágrimas.

Eliana Patterer

eliana.patterer@gmail.com

Lic. en Psicología

Especialización en Maltrato en la Infancia 

@emesmujerymama

Fuente imagen: El país

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