¿Cuándo comenzamos a sentir placer? ¿Por qué podemos sentir vergüenza?
Como seres humanos, durante toda nuestra vida, atravesamos distintas etapas. En ellas, es esperable que incorporemos herramientas para desenvolvernos en las diferentes esferas de la vida. Por ejemplo, para aprender a expresar nuestras necesidades, inquietudes y emociones.
Si desde la temprana infancia somos guiados para adquirir dichas herramientas, en nuestra adultez seremos capaces de construir vínculos sanos y sólidos.
Conocernos implica, ante todo, abrir el juego de interacciones entre dos micromundos desconocidos, compartiendo desde los aspectos más triviales hasta aquellos colmados de significado y color.
A medida que transcurre el tiempo será más probable que ese niño o niña que fuimos, ahora adulto, fortalezca su confianza y los vínculos que construyamos sean, por lo tanto, más sólidos cada vez dando lugar a una variedad de intercambios.
Cuando creamos el vínculo, mostramos lo que fuimos incorporando en nuestro tránsito por esta vida, desde tradiciones, resolución de situaciones complejas, prejuicios, etc.
Al formar una pareja es vital que como integrantes utilicemos lo aprendido en nuestra infancia y adolescencia y podamos conversar tanto de aquello que nos produce placer como lo que nos genera rechazo.
La sexualidad es la receptora de nuestras creencias, emociones, recuerdos y deseos juega su rol protagónico en cada encuentro. Por ello, el autoconocimiento combinado con la información veraz son las llaves para que en la pareja ingresemos al laberinto de la excitación y recorramos los caminos del placer.
Frecuentemente pasa que no conversamos sobre lo que nos excita, aquello que es capaz de despertar nuestras fantasías. Pero ¿por qué?
Considero que algunas de las razones pueden ser: el desconocimiento, suponer que los gustos son iguales para ambos, la vergüenza.
En ocasiones lo que nos inhibe para hablar acerca de nuestros deseos y preferencias es que tememos ser descalificados, rechazados y ninguneados.
Es esperable que no sepamos qué deseamos en un encuentro sexual y no podamos comunicarlo si provenimos, fundamentalmente, de una cultura donde hablar de sexo es algo tabú o si hemos crecido en un ámbito donde la autoexploración, sobre todo la masturbación, estaba mal vista.
Pedir lo que nos gusta, lo que activa nuestros sentidos, lejos de ser vergonzoso facilita la conexión y el disfrute. Volvernos responsables de comunicar aquello que nos produce placer y construir una vida sexual satisfactoria implica que comuniquemos y mostremos aquello que nos genera placer y que pongamos límite a conductas abusivas por parte del otro.
Como personas, estamos abocados a la tarea de descubrir aquello que nos da placer y en qué contexto sucede. Pero, si en los encuentros sexuales prima la vergüenza, el temor y los malos entendidos la relación, inevitablemente, se irá resquebrajando.
¿La clave? Consultá a un profesional de la sexología para que te brinde estrategias que te permitan hacer uso de tu imaginación y creatividad. Para no caer en la rutina y descubrir nuevas formas de conectarte antes, durante y después del encuentro.
María Alejandra González
Psicóloga, sexóloga clínica, terapéuta sexual
Psicóloga y sexóloga clínica

