Desde nuestros ancestros hasta la inteligencia artificial

El mundo está cambiando, en realidad el cambio, es una constante, se modifican los paisajes con el paso del tiempo, tanto por la mano del hombre, como por lo fortuito del contexto. Los seres humanos también de modo permanente cambiamos, no somos los mismos que cuando nos levantamos. Es sutil pero real la diferencia, seguramente la química de nuestro cuerpo, ánimo, sensaciones, pensamientos algo difieren. Hoy: Desde nuestros ancestros hasta la inteligencia artificial.

Evolutivamente, nuestros ancestros caminaban con los cuatros miembros, tenían una gran frente y un rostro con dos enormes fosas nasales, garras en su boca entre tantas otras características propias de entonces. Por el contexto debían estar alertas “huir o atacar” para no ser devorados como alimento de algún otro animal.

Hoy los seres humanos nos movemos y avanzamos producto evolutivo, solo con dos miembros, mientras que con las manos hacemos otras cosas. Nuestra cabeza se modificó, la frente es más pequeña, nuestro cerebro tiene otro tamaño, peso y potencia. También la nariz tomo otro formato, la mandíbula se tornó más pequeña, con otro tipo de piezas.
Ahora, lo que, si perdura, es la sensación de alerta ante la necesidad de “huir y/o atacar”. Huimos a veces tras la activación del instinto de supervivencia, un terremoto, un tsunami, tornado, un atacante. O en muchas ocasiones huimos de nosotros mismos, de un pensamiento que nos activa del mismo modo que si estuviese por devorarnos un león. El cerebro no distingue si lo que sucede es real o imaginario, en consecuencia, todo el organismo se prepara para esas acciones de huida o ataque. Esta actitud a lo largo del tiempo si se instala, genera el estrés crónico, nocivo para nuestra preservación, lo contrario a lo que inicialmente sucedía en aquel contexto depredación.
Hoy sabemos que nuestro ser actual, es producto de transformaciones evolutivas de millones de años. Podríamos detenernos en esta mirada histórica y destacar que, en los últimos 30 años, ha habido un cambio de eje, del humano a lo virtual. Se empezó a dar más importancia a dispositivos que nos conectan y entretienen, más que al intercambio vivencial.

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Han aparecido las pantallas, que opacan nuestra imaginación. Se creó la TV , que fue de ser blanco y negra a color, de pocos canales, al cable disponible a toda hora. Como así, de teléfonos públicos, fijos en domicilios destacados, al teléfono celular; del saber solo en los libros, bibliotecas y de eruditos leídos, a las punto COM ,”internet». O de las cosas materiales compradas en lugares específicos, a las impresoras 3D; a los autos eléctricos, robots , planos en dimensiones 360 y ahora inteligencia artificial que nos vuelve a mover el eje y ofrece servicios de todo tipo e inclusive sexo.

SI evolutivamente hemos podido sobrevivir y readaptarnos a la glaciación, a las inclemencias de las diferentes eras, adaptándonos según necesidad contextual, en lo que nos concierne de manera más cercana. Así, nos adaptamos a la migración, a la aparición de la maquina a vapor, el surgimiento de la imprenta, la revolución industrial, al atravesamiento de una pandemia, y toda esta tecnología, seguramente estemos en condiciones de seguir este proceso adaptativo con naturalidad.

Quizás sea un interesante momento para todos nosotros poder pensar en flexibilizarnos cada día, en sabernos parte y aportar al cambio de manera algo mas consciente.

Intentemos mover nuestros cuerpos, re valorizar los vínculos reales, sin permitir que se extingan como en alguna oportunidad los dinosaurios.Que la virtualidad, las redes, la inteligencia artificial nos desafíen a ser más pensantes, creativos en nuestra vida.

Pero que la misma sea vivida en vivo y en directo, ante una mirada, un gesto, una corporalidad presente que nos invite a sentir, a ser deducidos por la magia del aroma, la textura de la piel, el compartir el mismo oxigeno del espacio, el silencio que se expresa, las miradas inquietantes y la danza de nuestros cuerpos vibrantes. Que en lugar de huir y atacar defensivamente, podamos apoyarnos y socializarnos junto a otro.

Lic. Karina Spinelli

Lic. en Psicologia

Sexologa Clínica UBA 

lic.mariakarinaspinelli@gmail.com

Fuente imagen: https://www.lavoz.com.ar/

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