Zygmunt Bauman, en su libro “Modernidad líquida” hace referencia a la sociedad, el amor y los contextos líquidos que actualmente vivimos. Es decir, este momento que la historia en el que las realidades sólidas como el trabajo, el amor, la familia, el acompañamiento se vienen desvaneciendo. Vivimos en una actualidad donde las certezas son difíciles de encontrar. Titulamos a esta nota:: Batallar en consultorio contra la “Modernidad líquida.
En palabras de Bauman la modernidad líquida es el motor de la crisis a la que muchas personas se enfrentan y parafraseando su libro hoy la mayor preocupación de nuestra vida social e individual es cómo prevenir que las cosas se queden fijas. Que sean tan sólidas que no puedan cambiar en el futuro.
Estamos acostumbrados a un tiempo veloz, seguros de que las cosas no van a durar mucho, de que van a aparecer nuevas oportunidades que van a devaluar las existentes. Y sucede en todos los aspectos de la vida: con los objetos materiales, las relaciones con la gente y con la propia relación que tenemos con nosotros mismos (como nos evaluamos, que imagen tenemos de nuestra persona, que ambición permitimos que nos guíe). Todo cambia de un momento a otro, somos conscientes de que somos cambiantes, y por lo tanto, tenemos miedo de fijar nada para siempre.
Soy afortunada como psicopedagoga de atender a muchos niños y niñas que vienen en busca de ayuda, acompañamiento y escucha. Y tal vez, debo declararme culpable de recibirlos con, mucho amor. Cuando llega un niño o niña al consultorio nunca viene solo, vienen acompañados por sus familias y la “Modernidad líquida” que en ellas se está instalando.

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Si bien es necesario que los niños y sus familias adquieran la capacidad de flexibilizarse. Para apropiarse de nuevos aprendizajes (académicos y prácticos). Hay pautas para el desarrollo de nuestros pequeños que tienen que sostenerse y solidificarse para ayudarlos a construir su camino, entre éstas pautas hay tres fundamentales:
- Límites: Que cumplan la “triple C”: Claros – Cortos y Coherentes.
- Tiempo de calidad: Tiempo de juegos y disfrute, de conversaciones profundas y banales de lectura e historias inventadas.
- Rutinas: Claras y sólidas, con cierta flexibilidad, pero siempre anticipándonos a lo que iremos a hacer.
Desde nuestros consultorios podemos orientar a las familias a solidificar estas pautas, desde nuestros consultorios podemos militar que el amor a nuestros niños nunca se podrá licuar.
Rosario Mastrángelo

Licenciada en psicopedagogía – MP:198.719
mastrangelob.rosario@gmail.com

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