Reproducción asistida: cuando la espera pone la vida en pausa

Hay algo que veo seguido en el consultorio: poner en suspenso los proyectos personales suele ser parte del proceso en la búsqueda de un hijo. No es solo la espera del resultado de una beta o de la próxima ecografía. Es que todo lo demás —el trabajo, los planes, los proyectos propios— pareciera quedar en un cierto suspenso durante el tratamiento, y a veces incluso desde antes. Por estos motivos, debemos hablar de reproducción asistida.

Quiero hablar de esto no para juzgarlo ni para decir que está mal que pase, sino todo lo contrario: para nombrarlo. Porque nombrarlo es empezar a entenderlo.

Todo lo que se guarda en el cajón

Lo primero que se pone en pausa suele ser lo obvio: las vacaciones, si coinciden con una posible transferencia o una punción. Pero después aparece una lista mucho más larga y mucho menos visible. Un cambio de trabajo que no se concreta porque «¿cómo voy a entrar ahora si en cualquier momento pido una licencia?». Trámites personales —el registro, el pasaporte— que quedan para después porque los permisos en el trabajo ya están todos reservados para las consultas médicas. Cursos, formaciones, proyectos de crecimiento profesional que en algún momento entusiasmaban y que, de golpe, quedan guardados: «ahora no tengo energía para eso, la energía está toda puesta acá».

Y no es que una cosa lleve a la otra por descuido. Es un efecto cadena: no hago esto, entonces tampoco el otro, y así una empieza a naturalizar una forma de funcionar donde todo gira alrededor de un único objetivo. Tiene lógica. No es un fracaso personal ni falta de voluntad: es lo que pasa cuando el deseo de maternar se vuelve tan invasivo que ocupa el lugar de todo lo demás.

Dos tiempos que chocan

Creo que en este proceso conviven dos tiempos distintos. Por un lado está el tiempo del cuerpo: el que marca la menstruación, el que dice cuándo empezar la medicación, cuándo hacer la ecografía, cuándo es el momento de la transferencia. Es un tiempo que no depende de nosotras, aunque a veces sintamos que sí.

Por otro lado está el tiempo psíquico: el de las expectativas, el «ya estoy lista», el «ya organicé todo para que esto pase». Y ahí es donde aparece el choque. Porque una puede tener el cuerpo preparado, los estudios al día, los embriones esperando, y aun así el endometrio de ese ciclo no acompaña. No es matemático. Y esa distancia entre lo que uno espera y lo que el cuerpo va marcando es, muchas veces, la raíz de la angustia.

A eso se suma otro tiempo, el de las instituciones: la autorización de la prepaga, los tres meses de espera administrativa entre un tratamiento y otro, los estudios que hay que discutir y volver a pedir. Una termina esperando en varios frentes a la vez.

Lo que sí se puede sostener

La pregunta que me parece más importante no es cómo evitar la espera —eso, en gran parte, no está en nuestras manos— sino qué hacer con lo que sí podemos sostener mientras tanto. Separar lo que depende de una de lo que no, y ahí, de a poco, ir encontrando lugares donde la vida siga pasando.

Con pacientes he visto cómo un hobby retomado —la fotografía, la cocina, encontrarse con un grupo que no tiene nada que ver con el tratamiento— hace una diferencia enorme. No porque resuelva la espera, sino porque devuelve la sensación de que no todo el año pasó entre estudios, punciones y transferencias. Que también hubo otro proyecto propio.

El lugar del otro

Y cuando el proceso se transita en pareja, hay algo que no puede faltar: el diálogo y el registro de lo que le pasa al otro. Porque acompañar no es solamente estar al lado sin involucrarse desde el propio deseo. Acompañar implica poder decir «esto también es mío» y no solo «yo te acompaño a vos». Ese matiz cambia todo.

Si algo de esto resuena, quiero dejar esto claro: no es que algo esté fallando en vos por sentir que la vida quedó en veremos. Es esperable. Es lo que pasa cuando dos tiempos —el del cuerpo y el del deseo— no terminan de encontrarse. Y a veces, poder ponerle palabras a eso, acompañada, es lo que hace que la espera se vuelva un poco más habitable.

Te compartimos la nota de la profesional en nuestro programa radial:

Natalia Gogliormella

Psicóloga especializada en Fertilidad Coach emocional Charlas-Programas-Consultas @lic.natalia.gogliormella

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